Recordando a: Tienda Gigante

Frecuentemente damos una visita mental al pasado y vemos los momentos de nuestra infancia a través de los ojos de la nostalgia; precisamente la nostalgia causa que percibamos las cosas de un modo más agradable que lo que eran en realidad y aunque los tiempos actuales tengan mejoras sustanciales respecto de aquello que llegó antes, es imposible sentir hoy lo mismo que la inocencia de la infancia nos permitía sentir, tienda Gigante es uno de esos momentos nostálgicos de mi infancia.

Gigante es un ejemplo de algo que, sin ser bueno y pese a tener en la actualidad opciones que son ampliamente mejores, el recuerdo de la época que le tocó y por la edad que teníamos, la volvió el sitio donde los sueños nacieron.

Gigante era una tienda de autoservicio que, durante mi infancia, competía con Soriana. En Monterrey durante los 80s y principios de los 90s esas dos eran las cadenas de autoservicio que dominaban la zona y, por motivos geográficos, Gigante era la que quedaba más cerca de mi casa por lo que era la tienda donde mi mamá hacía el súper.

Se encontraba ubicada en Avenida Lázaro Cárdenas y puedo decir que era el sitio donde se fabricaban los sueños. Al ser una tienda grande contaba con todos los departamentos usuales como abarrotes, confitería, frutas y verduras, panadería y, por supuesto, juguetería. El área de juguetería en el Gigante al que iba era bastante grande y crecía más en las temporadas navideñas, cuando las decoraciones tomaban el control de toda la tienda y yo paseaba por juguetería tomando nota mental de lo que quería para Navidad.

En el área de juguetería de Gigante conocí esos juguetes que aún hoy son mi obsesión por tener. Vi a los Dino Riders en su caja, con precios fuera del alcance para mi papá; vi pilas de juguetes de los Caballeros del Zodíaco donde conocí personajes antes de que aparecieran en la caricatura para nuestros tiempos (específicamente Poseidón, de quien pensaba era Afrodita).

También estaban los juguetes de películas como Batman Returns, Terminator, Alien; así como los favoritos de siempre: Tortugas Ninja, Transformers y G. I. Joe. Yo veía las cajas con juguetes grandes y soñaba con algún día tenerlos pero no se me hizo realidad y ahora esos juguetes son de colección y aún más caros.

Si bien los videojuegos no eran el fuerte de Gigante, recuerdo haber visto algún Atari 5200 o 7800 en exhibición en un tiempo en que ya teníamos el Nintendo. No recuerdo que el departamento de electrónica fuera grande pero jamás olvidaré un momento especial.

Gigante, como muchas tiendas, manejaban promociones de rascar tarjetitas con cierta cantidad de compra. Como ahí mi mamá hacía el súper solían darle varias y, claramente, nunca ganaba nada, salvo una ocasión. Habíamos terminado de hacer las compras, por alguna razón toda la familia había ido, ya estábamos montados en el carro y decidimos rascar las tarjetas ahí; no sé si fui yo o quién pero en una de ellas salió el premio, una televisión de 19 pulgadas, a color. Nos pusimos felices pues sólo teníamos una tele a color y esa nueva televisión iba a ser la de los niños. Aún recuerdo la cara de alegría de mi papá al subirla al carro y saber que tendríamos una tv nueva. Esa televisión estuvo muchos años con nosotros y tiene apenas dos o tres años que nos deshicimos de ella pues ya no funcionaba bien.

Pero no todo era Navidad, la Independencia y Halloween también tomaban la tienda una vez llegaban septiembre y octubre. Honestamente no me importaba mucho la Independencia, sólo era colocar figuritas de papel de china de colores colgando por la tienda, pero Halloween era mágico en Gigante.

Durante la temporada de octubre Gigante dejaba un espacio dedicado a todo lo relacionado con Halloween y el terror, pero no sólo era colocar estantes con máscaras y disfraces (que sí lo hacían), sino que decoraban la zona con muñecos y hasta construían pequeños castillitos donde mostraban los mejores artículos para la temporada. Ahí vendían sangre falsa, telarañas decorativas y montones de máscaras de látex cuyo olor jamás te podrás quitar por completo. No se veía nada con ellas pero te las probabas todas. Había máscaras muy bien hechas y otras de un plástico muy corriente que te amarrabas con una liguita que se rompía si tu cabeza medía más que la de un bebé.

En octubre y diciembre me encantaba ir con mi mamá al mandado sólo para ver los decorados y pasearme por juguetería mientras mi mamá recorría la tienda comprando lo de siempre, entonces yo me le desaparecía y me la pasaba en los pasillos que me interesaban hasta que me perdía y me tenían que vocear.

También corría por la tienda molestando a mis hermanas, escondiéndonos entre la ropa colgada sólo para que mi mamá nos regañara por portarnos mal.

De algún modo fue Gigante y sus temporadas festivas las que formaron la idea inicial de Nerdcast de los meses del Halloween y de Navidad, los cuales, si eres lector añejo de este sitio, te acordarás que decoraba el sitio para la época, con banners, colores y fondos relacionados a la temporada. En mi mente eso era como retornar a mi infancia cuando visitaba Gigante y veía que la temporada más hermosa del mundo había llegado y eran los decorados los que me lo hacían sentir.

Gigante también tenía una panificadora pero no era cualquier cosa, era un espacio bastante grande dedicado a la preparación de pan dulce y realmente se notaba la diferencia entre el pan de gigante y el de Tía Rosa o marcas más comerciales. El pan de gigante sabía mejor, era mejor y se ponía duro bien rápido (sin albur). Ahí conocí un pan dulce que nunca he vuelto a ver y que era mi obsesión, yo le llamaba churros y eran como donas, también cubiertas de chocolate, pero su pan era diferente, hueco, como de hojaldre, no esponjoso. Alguna vez vi que pudiera llamarse Rosca San Isidro pero al googlear ese término no aparece el pan que yo quiero. Desapareció cuando la panificadora de Gigante dejó de existir y no he vuelto a probar esa delicia.

Gigante fue la tienda de mi infancia, el lugar que sustentó mis Halloweens, mis Navidades y mis desayunos, comidas y cenas diarias. Representaba el punto de abastecimiento de mi familia. Luego llegaron Walmart y HEB y claramente eran superiores en cuanto a infraestructura y productos de Estados Unidos, pero en mis recuerdos no importa que las luces de Gigante siempre estuvieran fundidas, que los pisos estuvieran rotos o que tuviera fugas de agua por toda la zona de pescadería, Gigante tiene un sitio especial en mi corazón que las tiendas actuales no pueden ocupar, es el sitio donde mis sueños infantiles tomaron forma.

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