LOS PEORES AÑOS DE MI VIDA

Acerca de LOS PEORES AÑOS DE MI VIDA

Hace tiempo escribí un artículo rememorando los mejores años de mi vida (mismo que puedes leer aquí), pero aprovechando la temporada macabra, decidí también escribir uno donde pueda recordar aquellos malos años.

Nota: El artículo anterior estaba escrito en orden cronológico; para mantener el esquema mantendré ese orden a fin de dar continuidad. Por ello esta no es una lista de menos malo a espantoso.

1993 – 1996 Toda la secundaria

Todo el período de secundaria fue malo para mí, el bullying era una constante con la que tenía que lidiar todos los días. Si bien la primaria había sido algo mala en ese ámbito, pues yo era muy tímido, sí pude hacer dos o tres amigos en ese tiempo e incluso tuve un excelente año cuando estaba en quinto, pero para la secundaria no hubo ni un buen año para mí.

En los tres años que dura esa etapa en México solo tuve un amigo, que de hecho era amigo mío desde la primaria por lo que, en efecto, en secundaria no hice un solo amigo en ese tiempo. El cambio generacional y la pubertad pega fuerte en esa etapa y siempre había compañeros que se desarrollaban antes que otros, así que, mientras que antes lidiaba con niños, en secundaria me tocó enfrentar adolescentes, algunos pesados, grandes.

Yo no era de los chiquitos, siempre tuve una altura un poco mayor a la de muchos compañeros, acomodándome en la parte media hacia atrás en la fila, pero mi timidez no ayudaba e incluso los más pequeños me molestaban.

Primer año fue malo con zapes y papelitos ensalivados; segundo fue peor pues ya pasó a apodos y agresiones más físicas. Tercero… ese fue el peor de todos pero fue tan malo que merece su propia sección.

1996 El peor bullying

Desde que entras a leer un sitio llamado Nerdcast te darás cuenta de algo, soy un nerd. Y aunque en estos tiempos el ser nerd es algo bastante normal, aceptado y hasta de moda, creeme que en la década de los 90s para nada era así. Me tocó ser adolescente en una época en la que ser como soy era algo realmente malo.

Habiendo nacido yo en los 80s, para la primera mitad de 1996 me encontraba finalizando tercero de secundaria. Tercero fue el peor de los ya de por sí malos años de mi época de secundaria. Fue el tiempo donde me tocó recibir el peor bullying de parte de mis compañeros de salón e incluso de otros salones, siendo eso lo que intensificó más el malestar.

Todos los días eran un infierno en mi secundaria pues no sabía de qué manera esos tipos iban a joderme las bolas ese día en particular. El bullying podía ser de que me aventaran insectos muertos, me escupieran, me dijeran apodos, y más cosas. Todo porque era serio y no tenía muchos amigos.

El peor momento que recuerdo en secundaria fue en una clase de educación física. Al lado de mi secundaria había un parque con una cancha de futbol de tierra y el maestro a veces nos sacaba a esa cancha a hacer deporte, que siendo yo un nerd definitivamente no practicaba (irónicamente ahora me gusta mucho jugar futbol). Mi único amigo (a quien también bulleaban) y yo estábamos simplemente perdiendo el tiempo ahí cuando dos compañeros de mi salón, y uno del salón de mi amigo, llegaron a molestar. Empezaron a decirnos cosas y a echarme tierra en los tenis, yo por miedo no hice nada y así quedó, dejándome con mi autoestima destruida.

Pese a que el bullying que sufría en secundaria era malo, nunca me golpearon. Cuando finalmente terminé la secundaria esperaba que todo mejorara pero no, en preparatoria finalmente sí me golpearon.

En la segunda mitad de 1996 ingresé a la preparatoria y definitivamente no estaba preparado para el cambio de reglas. Si en la secundaria me había ido mal, en la preparatoria me tocó lidiar con gente más intensa. Realmente yo estaba asustado y eso se notaba. Un compañero en particular, junto con su grupo de amigos, solía molestarme; aunque de manera menos intensa y menos frecuente que los de secundaria, pero con tendencia a incrementarse. Este sujeto quería pelearse conmigo, seguramente veía una vistoria fácil. Una vez me lanzó dos golpes a la cara que no me hicieron nada y sólo le dije que se quitara, pero poco después me embosca mientras yo sostenía un pupitre para acomodarlo en mi lugar, llega con una patada y me agarra a golpes en la cara, todo eso en el salón, poco antes de iniciar la clase, con todos los compañeros presentes. Me metió cuatro o cinco golpes y no respondí a uno solo, me dejó el labio reventado. Me fui del salón ese día antes de tiempo, humillado y llorando, y a los pocos días dejé de entrar a clases.

A ese compañero lo expulsaron a los pocos días pero ya no tenía importancia, el daño estaba hecho y yo dejé de entrar a clase, con lo que perdí todo mi primer año de preparatoria. Unos tres o cuatro años después me lo encontré en la misma universidad a la que yo iba, solo sonrió al pasar delante de mí pero no cruzamos palabra. Desde entonces afortunadamente no lo he vuelto a ver, ni tampoco a los de secundaria, y espero así se mantenga.

2006 – 2013 Cuando perdí toda vida social

En cuanto a intensidad este período sería el menos intenso, sin embargo sí que fue un período prolongado de malos años para mí.

Para 2006 el bullying había quedado atrás, ya era un profesionista, vivía en otra ciudad y esperaba mi primera oportunidad laboral. Y así, por el trabajo, es que se configuraron siete años de mala suerte únicamente por trabajo.

Entré a trabajar en un periódico en mayo de 2006 y aunque cambié de trabajo en 2008, fue para quedarme en las mismas funciones, solo que en otro lado. Desde 2006 a marzo de 2013 me dediqué a trabajar la página web de dos periódicos, en un turbo vespertino donde entraba a las 3 pm y salía a las 11 pm, seis días a la semana. Debido a esa jornada, yo me encontraba trabajando cuando la mayor parte de la gente descansaba y estaba despierto cuando la mayoría dormía. Me acostaba entre 3 y 5 am todos los días y me levantaba a las 12 pm. Así me perdí de reuniones familiares, eventos con amigos y otros eventos sociales.

Además de eso el trabajo no era muy agradable pues tenía una jefa bastante problemática, que fue mi jefa en ambos periódicos. Así que las ocho horas de trabajo eran en sí un suplicio. Así pasé esos siete años de mi vida, odiándome y odiando todo pues me alejé de todo lo que pudo haber sido bueno para estar encerrado en un cubículo matando mi espíritu hasta que en febrero de 2013 decidí renunciar pese a no tener otro trabajo.

Aunque no pasó algo particularmente malo en ese tiempo, fue tan prolongado que conformaron varios de mis peores años de vida.

2016 El año de la ansiedad

Después de perder mi vida en un trabajo sin futuro en el periódico, traté de reacomodarme como me fuera posible y volví a estudiar psicología en 2014. Para finales de 2015 regresé a tener una relación con una chica que había sido mi novia en 2013 (y que conocí en ese trabajo) con la que duré muy poco inicialmente. Para inicios de 2016 parecía que todo estaría bien; tenía novia, estaba por terminar mi segunda carrera y había salud, debía haber sido un buen año.

Pues muy iluso debía ser para creer eso pues 2016 fue un año bastante malo. Inició en febrero con la muerte de mi mejor amigo, Luis. Había sido casi un hermano para mí pues fuimos amigos desde los seis años y súbitamente muere de un derrame cerebral apenas iniciando el año. El golpe fue bastante duro para mí pero no sería el único.

Mencioné que tenía una novia, pues aunque iniciamos biendurante unos meses, la relación comenzó a deteriorarse de manera sostenida y terminamos de mala manera en junio de ese año. El rompimiento no fue bonito y dejó muchas cosas pendientes.

Sumémosle a que estaba aun finalizando psicología, no tenía trabajo estable desde 2013 y 2016 fue bastante malo como psicólogo freelance. Un amigo y yo nos asociamos para iniciar nuestra agencia de diseño y en ese tiempo nos iba realmente mal. Salíamos a entregar folletos y tarjetas de presentación por la calle, entrando a negocios que veíamos como posibles clientes y éramos horriblemente ignorados. Económicamente me sentía realmente un fracaso.

La muerte de mi mejor amigo, el mal rompimiento con esta chica y mi precaria situación económica se combinó para llevarme a un estado de ansiedad que fue horrible. No podía dormir, me sentía mal todo el tiempo, iba al médico y no me encontraban nada, tomé medicamentos, inicié tratamiento pero no me funcionaba. Mi situación emocional fue tan mala que incluso desperdicié la oportunidad de construir una relación con una chica que me gustaba en la carrera con la que incluso salí dos veces por temas escolares. Yo le caía bien, ella me gustaba, pero mi estado emocional no me permitió el valor para decírselo y lamentablemente ella consiguió novio poco después de terminar la carrera.

2016 fue la antesala a un buen año, que fue 2017 y que puedes leer en el artículo que ya había escrito (aquí). Pero eso no cambia lo culero que fue.

2020 Afrontémoslo, se veía venir

El artículo de Los mejores años de mi vida fue un artículo positivo y nostálgico que escribí en agosto de 2020, tan positivo era que salí positivo a Covid-19 y no salió nada bien.

Como recordamos todos, 2020 fue un año raro, malo en general. La pandemia nos quitó muchas cosas a muchas personas, suelo decir que nos quitó lo bonito de vivir. Aun así para agosto de 2020 aun estaba relativamente bien, tan es así que acabé el artículo con una broma de que 2020 sería uno de esos buenso años. Pero no, de hecho queda como EL PEOR AÑO DE MI VIDA.

Además de perder la posibilidad de salir a eventos, de ver a los amigos, de hacer actividad física. A inicios de 2020 terminé la que, hasta ahora, sigue siendo mi última relación. A diferencia de la chica de 2016, con la de 2020 acabamos bien e incluso aun nos saludamos de vez en cuando. Lamentablemente las cosas no se dieron bien pues queríamos cosas diferentes. Ella y yo terminamos solo unos días antes del inicio de la cuarentena y ahí empezó lo malo.

Los meses siguientes a nuestra finalización se vieron incrementados por el aislamiento social de la cuarentena. Con el paso de los meses comencé a tener problemas con mis jefes en donde trabajaba debido a que no se tomaban medidas suficientes de salud, lo que me llevó a casi renunciar dos veces. Qué más hubiera querido sí haber renunciado cuando tuve la oportunidad.

Para octubre de 2020 decido tomar un curso para ser facilitador penal, que sería en horario laboral; había anunciado mi renuncia pero mi jefe me convence de quedarme, dándome permiso de tomar el curso y compensando el tiempo perdido trabajando en fin de semana. No pasó un mes en ese ritmo cuando me contagio de Covid-19 en el trabajo y lamentablemente contagié a mi papá y a mi mamá.

Mi enfermedad no inició tan mal, seguía tomando mi curso y trabajando vía telefónica pero poco a poco empezaron los malestares. Aunduve un poco malo pero lo peor fueron mis padres. Ambos ya personas mayores, se pusieron bastante mal llegando ambos a estar internados. Mi papá en particular estuvo muy grave y lamentablemente falleció en el hospital, estando yo aun enfermo y sin posibilidad de estar con mi familia en ese mal momento.

Por si fuera poco nunca me recuperé totalmente del Covid-19. Si bien sigo mi vida mayormente bien, tengo de vez en cuando malestares en la espalda, dificultad para respirar ocasional y, sobre todo, miedo cada que me da resfriado. Basta con sentir un leve malestar en la garganta para que me preocupe de volverme a enfermar.

Entre la pérdida de mi relación, la pérdida de la diversión, la pérdida de mi salud y, sobre todo, la pérdida de mi papá, todo eso en 2020. Se trató de un año terrible y para el olvido. No puedo evitar pensar que mucho de eso se pudo evitar de haber renunciando cuando tuve oportunidad. Irónicamente acabé renunciando a mi trabajo apenas un año después y me ha ido mucho mejor desde entonces.

La moraleja de la historia y que uso en mi terapia es no dejar que el miedo decida por nosotros. Yo dejé que el miedo decidiera por mi ese 12 de octubre de 2020 cuando presenté mi renuncia y me dejé convencer a no hacerlo. Desde entonces hago lo posible por vencer al miedo y tomar el control de mi vida.

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