Shadow of the Tomb Raider es, en muchos sentidos, el cierre de una trilogía que empezó con fuerza y claridad… pero que aquí parece debatirse entre evolucionar o simplemente estirar su propia fórmula. No es un mal juego —ni cerca—, pero sí uno que deja una sensación extraña: la de estar muy bien hecho, pero no necesariamente bien dirigido.
Un mundo más abierto… pero menos intenso
Uno de los cambios más evidentes es su estructura más abierta. Aquí hay más zonas amplias, más libertad para explorar y una mayor sensación de estar en un mundo vivo, especialmente en la selva peruana.
El juego apuesta por:
- exploración más orgánica
- tumbas más complejas
- mayor énfasis en el entorno
Y en ese sentido, funciona. Hay momentos donde Shadow of the Tomb Raider realmente recupera ese espíritu arqueológico, esa idea de descubrir lo oculto más que simplemente avanzar en una historia. El problema es que, en ese proceso, pierde algo importante: tensión.
El HUB: una decisión que rompe el ritmo
La introducción de un pueblo HUB (como Paititi) cambia por completo el ritmo del juego. Lo que antes era una experiencia más lineal y cinematográfica, aquí se convierte en algo más fragmentado:
- misiones secundarias
- NPCs
- comercio
- exploración urbana
Sobre el papel suena bien. En la práctica, diluye la urgencia narrativa. Estás en medio de una historia que intenta ser intensa, pero constantemente se interrumpe con tareas secundarias que, aunque entretenidas, alargan innecesariamente la experiencia. No es que el contenido sea malo… es que no siempre encaja.
Visualmente impresionante
Donde el juego no falla es en su apartado gráfico. La selva es densa, húmeda, peligrosa. Hay una sensación física del entorno: el barro, la vegetación, la oscuridad de las cavernas. Todo está trabajado con un nivel de detalle muy alto. Es, sin duda, el punto más fuerte del juego. Aquí la tecnología sí está al servicio de la inmersión.
Gameplay: sólido… pero repetitivo
El sistema de juego sigue siendo funcional: sigilo, combate, exploración, puzzles. Todo lo que ya conoces. El problema es que ya lo conoces demasiado bien.
- mecánicas recicladas
- estructuras similares
- poca innovación real
El juego no falla en lo que hace, pero tampoco se arriesga a cambiarlo. Y después de tres entregas, eso empieza a pesar. No cansa de inmediato… pero sí deja una sensación de déjà vu constante.
Lara Croft: una evolución irregular
Aquí es donde el juego toma decisiones más discutibles.
El diseño de Lara resulta, en ocasiones, extraño. No necesariamente peor, pero sí inconsistente. Hay momentos donde su apariencia y expresividad no terminan de encajar del todo con el tono del juego. Además, su desarrollo como personaje se siente… forzado por momentos. La narrativa intenta llevarla hacia una versión más oscura, más endurecida, pero no siempre lo logra con naturalidad. Es una evolución que se siente más planteada que vivida.
Doblaje mexicano: de lo mejor del juego
Si hay un apartado que eleva la experiencia de forma clara, es el doblaje latino.
Nuevamente, Marisol Romero entrega una interpretación sólida como Lara Croft, aportando matices emocionales que ayudan a sostener al personaje incluso cuando el guion flaquea. El resto del elenco también mantiene un nivel alto, con participaciones de actores como Mario Castañeda, Octavio Rojas y Gerardo Vásquez, que aportan familiaridad y consistencia. Es un doblaje que no solo acompaña, sino que mejora la experiencia.
En resumen
Shadow of the Tomb Raider es un juego sólido que destaca por su impresionante apartado gráfico, su enfoque más abierto en la exploración y un doblaje mexicano de gran calidad que eleva la experiencia. Sin embargo, sufre por la repetición de mecánicas ya conocidas y por decisiones de diseño, como el uso de un HUB, que rompen el ritmo y reducen la tensión narrativa.
En conjunto, es un cierre correcto para la trilogía: disfrutable y bien hecho, pero sin la innovación necesaria para sentirse verdaderamente fresco o memorable dentro de la saga.








