Dishonored: La Muerte del Forastero es, ante todo, lo que es: un DLC independiente. Y eso es importante decirlo desde el inicio, porque muchas de las expectativas —y también muchas de las decepciones— vienen precisamente de olvidar ese punto.
No es Dishonored 3.
No es una gran expansión narrativa.
Es una extensión contenida de lo que ya conoces.
Más Dishonored… pero sin sorpresa
Si jugaste Dishonored 2, aquí te vas a sentir en casa de inmediato. El sistema de juego es prácticamente el mismo: niveles abiertos, múltiples rutas, libertad total para decidir cómo abordar cada situación.
Sigues teniendo ese diseño inmersivo que permite:
- infiltrarte sin ser visto
- eliminar objetivos de formas creativas
- manipular el entorno
- improvisar sobre la marcha
Y sí, sigue siendo divertido. Muy divertido.
El problema es que ya no hay novedad. Todo se siente familiar, incluso predecible. No hay ese factor de descubrimiento que hacía tan especial a Dishonored 2.
Una historia que prometía más de lo que entrega
El título sugiere algo grande: “La Muerte del Forastero”. Y en teoría, debería ser un evento importante dentro del universo de la saga.
Pero en la práctica, la narrativa se queda corta.
No es que sea mala, pero sí se siente ligera. No profundiza tanto como podría en sus temas, ni genera el impacto que su premisa promete. Aporta muy poco a la trama general, y termina sintiéndose más como un epílogo extendido que como una pieza esencial.
Es de esos casos donde la idea es más interesante que su ejecución.
Mismos aciertos, mismos errores
Todo lo que funcionaba en Dishonored 2 está aquí… pero también todo lo que no.
Por un lado:
- el gameplay sigue siendo sólido
- el diseño de niveles mantiene su calidad
- la libertad de acción sigue siendo el núcleo
Pero también:
- los diseños de personajes conservan ese estilo tosco y caricaturizado que rompe un poco el tono
- la experiencia general carece de ese “factor sorpresa”
- la sensación de déjà vu es constante
Es básicamente Dishonored 2… reducido y reciclado.
Corto, como buen DLC
La duración es otro punto clave. Este es un juego corto, claramente diseñado como contenido adicional.
Se puede terminar en pocas horas, y aunque ese tiempo está bien aprovechado en términos de gameplay, no deja de sentirse limitado. No hay espacio para que el juego evolucione demasiado, ni para que sus ideas respiren.
No es un problema en sí mismo —es un DLC—, pero sí define mucho la experiencia.
Mantiene el buen doblaje mexicano
Afortunadamente, y al igual que ocurrió con el juego base, Dishonored: La Muerte del Forastero cuenta con doblaje mexicano, de esa gran calidad que estamos acostumbrados. Y al igual que en el juego anterior, el simple hecho de jugarse en español latino de México ya es motivo suficiente para dedicar tiempo de juego.
En esencia…
Dishonored: La Muerte del Forastero es exactamente lo que parece: más Dishonored, sin grandes cambios, tiene momentos divertidos, mantiene un gameplay sólido y ofrece esa libertad que define a la saga. Pero también aporta poco a la historia, no innova y se siente más como un añadido que como una pieza esencial
No es un mal juego. Ni cerca. Pero tampoco es imprescindible. Es un título hecho para quien realmente disfrutó Dishonored 2 y quiere pasar unas horas más en ese mundo. Para todos los demás… puede sentirse como algo completamente prescindible.







