Muy bien, sé que Nerdcast no ha sido precisamente la casa de la comedia en tiempos recientes, sin duda que está muy lejos de ser aquel jocoso sitio con artículos creativos sobre la vida nerd, y eso es porque la mitad del alma de Nerdcast ya no está. Hoy, Día de Muertos en México, recordemos a esa otra mitad y quizá así podríamos retomar el camino.

Si leíste mi viejo artículo: Recuerdos Videojueguiles, habrás leído diversos momentos que Luis y yo pasamos jugando videojuegos. Bueno esta ocasión será similar pero no se limitará únicamente a los videojuegos.

6- La compañía Huevo Estrellado

Quizá el primer momento nostálgico de todos será en el que Luis y yo nos hicimos amigos. Ocurrió cuando ambos estábamos en 1ero. de Primaria, en la Daniel Urencio Ramírez. Un día antes, en medio de una trifulca de niños, Luis me había recibido con un golpe directo a la cara (evento reconstruido en El Programa GAMER) por lo que fue extraño que, al día siguiente, aquel gordito peleonero a quien todos los demás niños le tenían miedo se acercara a mí para preguntarme si quería jugar.

El juego en cuestión Luis lo nombró Compañía Huevo Estrellado, y como te imaginarás, me quedé con cara de What? Resulta que en dicha escuela, al lado de los salones de primero y segundo, había un desnivel que los niños llamábamos “El precipicio”, cubierto de tierra, plantas y con una pared de concreto al fondo. El juego consistía en correr a través de ese “precipicio” y tratar de detenerte antes de matarte contra la pared, convirtiéndote así en un huevo estrellado. Desde niño Luis ya era autodestructivo.

Pero yo no tenía amigos así que acepté jugar y así nuestra amistad inició, los dos teníamos 6 años.

5- Caminando en tiempo de frío… sin chamarra

Calle exacta donde íbamos caminando hace más de 20 años

En algún momento de mediados de los 90s hubo más o menos cerca de mi casa, al sur de Monterrey, una tienda de cómics que no recuerdo su nombre pero que se ubicaba en la Avenida Lázaro Cárdenas. Luis algún tiempo trabajó ahí y, después de él, su hermano Gabo tuvo el glamoroso puesto de dependiente mamón de tienda de cómics.

Como quedaba relativamente cerca los dos decidimos ir caminando hacia allá para jugar Magic; tendríamos unos 15 o 16 años y era tiempo de frío; cargamos nuestras mochilas con nuestros decks, nuestras carpetas de cartas para cambio (súper nerds) y yo, por si acaso, una chamarra pues Monterrey era impredecible.

Comenzamos la travesía a través de la congestionada avenida Lázaro Cárdenas y poco a poco hacía más frío, cada quien llevaba su mochila y platicábamos al tiempo que cada uno trataba de no demostrar que tenía frío.

Yo llevaba chamarra, la cargaba en la mochila, pero no sabía si Luis tenía; no quería ser mal amigo así que si él debía aguantar yo aguantaría también, además era una cuestión de hombría, no podía ser yo el pussy que no soportara un poquito de frío.

Finalmente Luis dijo “YA! Lo siento wey pero no puedo aguantar más este pinche frío”. Abrió su mochila y sacó su chamarra. Yo al ver que él sí llevaba una entonces saqué la mía y ambos bromeamos el resto del camino sobre el frío que aguantamos por ser solidarios (en aquel tiempo estaban de moda los comerciales de SOLIDARIDAD).

Ahh y Luis acabó siendo más pussy.

4- Una violada de antología (es una expresión)

Como ya lo comenté, Luis y yo jugábamos Magic, de hecho él fue quien me enseñó a jugar. Algunas veces accedí ir a las convenciones de cómics que se hacen dos veces al año en Monterrey, y claro, Luis estaba ahí… bueno, no sólo estaba, TRABAJABA.

En realidad yo iba a las convenciones sólo por el Magic, pues había posibilidad de jugar con mucha gente y demostrar mi poder, pero nunca llevaba dinero, lo que me daban era tan poquito que realmente se trataba de una mísera limosna. Sin embargo una ocasión hice una alianza con un primo que sí tenía dinero: compraríamos entre los dos y todas las cartas negras y rojas serían mías mientras que las verdes y azules serían de él. Y así nos hicimos de muchos boosters.

Y vaya que hubo suerte esa ocasión, salieron Mahamutty Djinn, Nevinyrral Disk, y no recuerdo cuánto más; éramos el centro de atención y todos los otros nerds estaban a nuestro alrededor, Luis entre ellos, y todos querían nuestras cosas; para hacerlo más feo, mi primo ya se había ido, era yo el responsable de esos tesoros.

Y comenzó la violada de antología, siendo yo un novato del Magic en aquel tiempo, no sabía lo valiosas de ciertas cartas por lo que las cambié por cacahuates, y ahí se fueron los tesoros, que en su mayor parte eran de mi primo pues fue él quien más había gastado.

Aunque hubo muchos malos cambios (entre ellos una Force of Nature que un amigo en común con Luis nunca entregó) lo que más recuerdo es cómo perdí mi Nevinyrral Disk con Luis.

Resulta que, tiempo atrás, Luis me había mostrado un Súper Dragón color rojo, era una criatura de leyenda, el Crimson Hellkite, el dragón más fuerte de aquel tiempo. Una enorme criatura 6/6 que volaba y que, además, podía arrojar fuego usando sólo maná rojo. Parecía una chulada salvo por un detalle, costaba 9 puntos de maná para “bajarlo”, lo que lo hacía una criatura que difícilmente verías en juego. (si no eres docto en Magic, bajarlo era la cantidad de energía que debías acumular para usar esa criatura).

Y mi mente de novato lo deseaba, veía posible el bajarlo y, con ese dragón, dominar la partida; eliminar con su fuego a cada criatura sin temer el daño que mi poderoso dragón recibiera. Luis decía: “El Crimson es sagrado” y se negaba a cambiarlo; cuando tuve mu Nevinyrral Disk todos ofrecían cartas, y Luis sacó el Crimson, aún recuerdo sus palabras: “Resístete a esto” Dijo; “paren las prensas, esto se acabó” dije. Y así cambié una carta de gran utilidad por una de las criaturas más inútiles del Magic, y no es que el Crimson Hellkite sea una mala carta, sólo que es tan complicado de “bajarla” que se vuelve lastre, una carta que se quedará en tu mano turno tras turno, y que puede ser “countereada” o eliminada con un “Terror” común.

Así fue como Luis se aprovechó de mi inocencia… en el Magic.

3- Un fin de semana que la inoc… ejem, de quedarse a dormir

Luis se quedaba seguido a dormir en mi casa, aún y cuando al comienzo ambos vivíamos en Monterrey. Era común que llegara el viernes en la noche y se quedara todo el sábado y domingo; eran momentos en que nos la pasábamos jugando videojuegos todo el tiempo (no sean mal pensados). Dedicábamos la mayor parte de este tiempo a Contra 3, Battletoads in Battlemaniacs, Mortal Kombat II y, más adelante, cuando tuve PS1, a The King of Fighters 98, Marvel vs Capcom, Rival Schools o algún otro juego.

Cuando me mudé a Saltillo esas quedadas a dormir continuaron, aunque ya no eran cada semana sino que más bien eran cada 4 o 6 meses y con mayor razón eran de todo el fin de semana pues llegaba el viernes en la noche y se regresaba con mi papá el lunes en la mañana (por eso estas visitas debían ser en puente o vacaciones).

Aún recuerdo la primera visita de Luis a Saltillo, tendría yo apenas unos meses de haber llegado a esta ciudad y aún vivía en casa de renta; vi Duro de Matar en FX (en inglés) antes de que él llegara. Usualmente jugábamos videojuegos todo el día y cerrábamos el sábado viendo alguna película y comiendo pizza; jugábamos Winning Eleven 6, The King of Fighters 2000 y otros juegos; pero quizá el momento que más recuerdo fue cuando yo fui quien pasó el fin de semana en su casa.

Aquella ocasión fuimos a casa del papá de Luis a devolverle una computadora, su papá estaba enfermo de cáncer y aquella fue la última vez que Luis lo vio pues falleció (su papá) dos semanas después, lo que le fue muy duro. Terminando de estar ahí volvimos a su casa y, como siempre, jugamos Winning Eleven y The King of Fighters, y además, como era usual, debíamos cerrar el sábado viendo películas y comiendo pizza. Aquella ocasión vimos Códigos de Guerra y… El Aro.

Ni Luis ni yo habíamos visto El Aro pero sí habíamos escuchado que era muy buena, por eso la rentamos en el primitivo DVD. La vimos al final, después de Códigos de Guerra, ya de madrugada y… nadie dijo nada, no hablábamos, sólo veíamos la película. Al terminar de verla recuerdo que Luis dijo “¿Tú también tienes miedo de ir al baño?” Finalmente pasamos una semana entera asustados cada que el teléfono sonaba.

2- Jugando videojuegos

No somos nosotros (duh)

Pero sin duda el recuerdo más nostálgico que tengo con Luis siempre es jugar videojuegos, Luis fue mi jugador dos durante toda mi infancia, desde el Atari 2600 que jugábamos aquellos rudimentarios juegos, algún juego esporádico en mi poco funcional Nes, hasta que todo explotó con el Snes, jugando Contra 3, Battletoads in Battlemaniacs, Doom Troopers, Mortal Kombat 2, Brawl Brothers, The King of Dragons y muchos más, para continuar jugando en el Nintendo 64 el International Super Star Soccer 98, Goldeneye, Mace, Fighters Destiny; en el PS1 el The King of Fighters 98, Rival Schools, Marvel vs Capcom y muchos más.

Claro que eso no acabó ahí, la era del PS2 fue grande, jugábamos mucho Winning Eleven, el 6, 7, 8 y 9, que por cierto Luis odiaba debido a que el árbitro pitaba mucha falta. Solíamos jugar el modo Master League, de 2, y llevando a nuestro equipo a la gloria. Así pasábamos horas.

Jugábamos también The Return of the King, un juego bastante divertido y de alta dificultad que nos hacía recordar aquellos viejos tiempos de los beat em up de Snes (ojalá sacaran un remake de ese).

Como estaba de moda, jugábamos Soul Calibur 2 pero, la verdad, nunca nos gustó, tras unas pocas partidas lo dejábamos por la paz.

Fue en el PS2 que conocimos Street Fighter 3 Third Strike, el cual no llegó antes a nuestras consolas, y lo jugábamos bastante, de verdad era bueno.

Contra Shatered Soldier y Neo Contra hicieron que volviéramos a compartir armas en pos de matar aliens, recordamos la vieja dificultad de antaño y logramos terminar ambos.

Y claro, The King of Fighters era el plato fuerte, en el PS2 ese era la edición 2000, la cual jugábamos horas, siempre en random, y Luis solía ganarme.

Pero no acabó ahí, la era Xbox 360 fue quizá la mejor de todas, el juego en línea nos trajo de vuelta; antes de eso sí, jugábamos, pero nada más unos días cada tantos meses, con el Xbox 360 jugábamos en línea varias noches por semana. Llegaba yo a las 11 del trabajo y, a partir de las 12, jugábamos un poco.

Gears of War fue como revivir Contra, jugábamos, nos coordinábamos, hacíamos estrategias; así acabamos los tres.

Cómo olvidar Resident Evil 5, un juego muy criticado pero que, jugarlo de dos con Luis, fue una experiencia divertidísima, convirtiéndose con ello en el Resident Evil más nostálgico para mí.

Los juegos de Army of Two, considerados como mediocres por tantos críticos, fueron de los que más horas de diversión nos dieron. Jugamos los tres, el primero sin duda el mejor, el segundo frustrante por su alta dificultad y el tercero un poco decepcionante por la falta de momentos épicos.

Las peleas en Fight Night, yo le daba una paliza a Luis en Round 3 y en Champion pero en Round 4 eran reñidas, había momentos en que nadie decía palabra, sólo esperando a que el otro bajara la guardia y atacar.

Jugamos Contra y Super Contra en su modo arcade, y acabamos ambos en un evento colosal  que puedes leer en este artículo.

Hard Corps Uprising trajo de vuelta el estilo de Contra, con todo el poder del HD, jugamos por horas.

Antes de quedar en jugar a veces llegaba yo antes, esperaba que se conectara mientras jugaba Geometry Wars, ese juego se volvió nostálgico para mí sólo por eso.

Claro que seguíamos con The King of Fighters gracias a la edición 98 Ultimate Match, finalmente juego en línea para nuestro juego favorito; a esas alturas Luis ya no era el de antes y las batallas ya iban a mi favor.

1- El momento más nostálgico

Quizá de entre tantos juegos que jugamos y acabamos el momento más nostálgico se lo lleva una noche buena que jugábamos en línea, la casa olía a pierna de cerdo al horno y a cigarro gracias a mi tía; hacía frío y yo bebía un delicioso ponche. Luis estaba en su casa, bebía cerveza (lo usual) y habíamos acordado jugar un poco antes de Navidad.

En aquel momento los juegos que teníamos pendientes eran Borderlands y Army of Two The 40 Day (o sea, el 2). Ambos ya los teníamos a punto de terminar, siendo el Army of Two un juego que nos había frustrado mucho porque, al perder, debías volver a configurar cada arma.

Comenzamos con Borderlands, bebía mi ponche y mataba renegados. Acabamos el juego sin gran problema, no fue difícil. Después pasamos a Army of Two.

La batalla fue intensa, estábamos atorados en las escenas finales, rodeados de enemigos, moríamos una y otra vez. Comenzamos a perder la paciencia pero debíamos acabar el juego, era necesario calmarse, avanzar despacio, no alejarse. Avanzábamos a paso de tortuga, cubriéndonos en cada momento; así hasta llegar al jefe final.

Luis quería ser el héroe, moría cada que lo intentaba, le dije que no se arriesgara, buscamos un pasillo y nos quedamos ahí, yo traía el Sniper y me puse a dispararle a resguardo a cada enemigo que veía, si me mataban Luis me podía revivir. Duramos así un buen rato, mi ponche se enfrió, la cerveza de Luis se calentó; acabamos el juego.

Esa fue una Noche Buena especial, acabamos dos juegos juntos, más aún, descubrimos que la alta dificultad hace sabrosos los juegos; los dos concordamos al final que nos habíamos divertido más con Army of Two que con Borderlands. Aquella Navidad fue una que se me quedó grabada.

Finalmente la Navidad de 2015 habíamos acordado jugar un rato Borderlads 2 y volver a Army of Two, para rememorar aquella ocasión; lo planeamos por meses. Llegó el 24 de diciembre, le hablé por Messenger y Luis dijo que no iba a poder, que tenía mucho trabajo, que me lo compensaría en otra ocasión.

Luis murió el 5 de Febrero de 2016 a causa de un derrame cerebral, había trabajado demasiado, se sentía mal; había acumulado demasiado estrés a causa de un trabajo que tenía para la cadena restaurantera Applebees, desarrollaba un menú interactivo y siempre algo salía mal. Se desvelaba trabajando y se levantaba a trabajar; claro, todo sin dejar de beber unas 12 cervezas al día. Se esforzó mucho y eso se conjugó con su mal estado de salud debido a su alcoholismo, el estrés le ganó e influyó a desarrollar un accidente cerebro vascular. Nunca pudo compensarme aquel día que íbamos a jugar en Navidad como lo habíamos planeado.

Qué ironía, murió por líquidos (derrame)

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