Hace algunos días me preguntaba ¿por qué no me gustan las caricaturas animadas de hoy en día? Me refiero a esas caricaturas de Pixar, Dreamworks y Disney que salen cada año y simplemente no me importan un bledo. ¿Me volví un amargado? ¿Maduré? NOOO! Resulta que la respuesta es muy simple, soy de los 80´s.

Y es que esas películas tipo Pixar (Toy Story, Hotel Transilvania, Paranorman, Up, Norm y los invencibles), que por cierto, las veo todas iguales, no me interesan no porque ya sea un adulto de más de 30 años sino porque… ¡NUNCA ME GUSTARON!

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Yo, como los demás tipos cool que nacimos a inicios de la década de los 80´s (yo soy de 1981), crecí viendo caricaturas; vaya, en eso no soy diferente de nadie, todos crecimos viéndolas, la diferencia radica en qué tipos de caricaturas veíamos.

Hace algún tiempo vi en Facebook una imagen que mostraba diferentes generaciones de caricaturas y te invitaban a comentar cuál creciste viendo. La imagen mostraba aquellas caricaturas de Hanna Barbera como Tiroloco (1959), Don Gato (1961), Huckleberry Hound (1958).

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Después aquella generación de Cartoon Network con Dexter (1996), Johny Bravo (1997), Vaca y Pollito (1997), las Chicas Superpoderosas (1998) y, finalmente, las caricaturas actuales como Hora de Aventuras (2010), Bob Esponja (1999) y otras que no tengo idea cuáles son. ¿Notas algo? ¡Falta mi generación!

Si bien los niños ochenteros mexicanos veíamos las caricaturas de la vieja generación de Hanna Barbera, visual y artísticamente no representaban nuestra época. Aquellas toons provenían de los 60´s y 70’s, tenían un aire hipioso, un look viejo que era más que evidente si veías un capítulo entero de Scooby Doo (1969) y no entendías por que el vestuario o la van. Las veíamos porque estaban en la tv y era lo que nuestro triste país tercermundista podía transmitir pero de ningún modo representaban la mejor década de la historia (los 80´s pues).

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La segunda serie de caricaturas en aquel post de Facebook mostraba esas que todos los ochentosos vimos cuando ya estábamos por dejar de ver caricaturas. Así claro que conocíamos a Dexter, Vaca y Pollito y todas las demás, sin embargo en nuestras cabezas esas caricaturas eran nuevas y llegaron a destiempo. Sí, las vimos, sí, me gustaban, pero no me representaban y su estilo visual nunca me gustó.

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¿Cuáles faltaron? Pues las ochenteras, las que mis amigos y yo sí veíamos. Thundercats (1985), Thundarr el Bárbaro (1980), Bravestar (1987), Los Centuriones (1985), He-Man (1983), Las Tortugas Ninja (1987), Dinoplatívolos (1987), Jayce y los Guerreros Rodantes (1985), Transformers (1984), G. I. Joe (1985) y muchas más que eran las que nosotros veíamos, las que salieron durante nuestra década. ¿Notas que tienen todas ellas en común? Mira más de cerca… un poco más… ya casi.

Sí, todas tienen en común el detalle de que son de acción. Aún y cuando estaban orientadas a niños, aún y cuando tenían una moraleja educativa, todas ellas se trataban de héroes adultos (o adolescentes cuando menos), fuertes y guerreros, que combatían por la justicia en ambientes futuristas. Los estilos de dibujo se acercaban a proporciones más humanas, con personajes que respetaban las características de la fisionomía natural y se veían envueltos en situaciones donde debían disparar o golpear para salir de ellas.

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Comparándolas con las caricaturas previas (esas de Hanna Barbera), podemos notar que los personajes de ellas eran usualmente animales antropomórficos, cuyas historias se enfocaban más en la comedia o en situaciones relativamente amistosas. Los conflictos en esas series eran más cotidianos, del estilo de malos entendidos o travesuras.

En las ocasiones en que los personajes eran humanos, éstos tampoco respetaban las proporciones, los dibujos eran más bien representaciones caricaturescas del cuerpo humano (como los Picapiedra (1960), los Super Sónicos (1962) y más), tanto que, cuando salió Jonny Quest (1964), su principal fuerza publicitaria fue el ser más anatómicamente correcto.

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Las caricaturas de los sesentas y setentas mostraban una imagen diferente del mundo, más infantil, poco dependientes de la violencia o la acción. Había agresiones claro, como lo visto en Tom y Jerry donde gato y ratón se daban de sartenazos (literalmente) pero insisto, eran situaciones más del tipo de travesuras o malos entendidos que de una batalla del bien contra el mal.

Por supuesto que había alternativas que buscaron ser diferente del resto. Caricaturas como la ya mencionada Jonny Quest, que era de aventuras (similar a Indiana Jones pero existiendo mucho antes de Indy), El Fantasma del Espacio (1966), Birdman (1967), o las caricaturas de los cómics como lo fueron El Hombre Araña (1967), Los Súper Amigos (1973), The Marvel Super Heroes (1966). Todas ellas precursoras de lo que vendría en la década de los 80´s, ofreciendo un estilo visual más humano, enfocándose más en la acción; pero siendo retenidas por una baja calidad de animación que los hacía verse viejos cuando mi generación las vio.

Yo veía Birdman, El Hombre Araña y las demás pero… se me hacían viejas, se veían anticuadas, algo estaba mal con ellas. Los personajes casi no se movían, permanecían estáticos al hablar o ser atacados y las historias eran… como si cada una fuera un universo diferente.

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Pero con los 80´s llegaron las caricaturas, mis caricaturas, aquellas con las que yo crecí, con una mucho mejor animación, con mundos más creativos y un estilo de dibujo más agradable. Era como si de pronto se hubieran modernizado. Crecí viendo esas caricaturas en donde héroes sumamente musculosos luchaban contra el mal.

Las historias de esas caricaturas eran una épica aventura, un combate contra fuerzas malignas que amenazaban al planeta. Los argumentos dejaron de ser sobre travesuras o malos entendidos, ahora había mentes maestras que deseaban la destrucción total y algunas personas que buscaban detenerlas, los héroes tenían habilidades sobre humanas y utilizaban tecnología de punta (tanto que aún ni existe).

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Y recordándolas fue que descubrí algo, por eso no me gustan las películas animadas de hoy en día, porque nunca me gustaron las caricaturas “cute”. Soy ochentero, quiero ver acción, disparos, golpes, no historias de niños y sus mascotas mágicas que salen a la aventura en el país de los algodones a recuperar el tesoro de caramelo. Mis caricaturas tenían monstruos, dinosaurios, chicas buenísimas con ropa entallada, héroes en los que querías convertirte.

Claro que había algunas caricaturas más infantiles en los ochentas pero ese es el punto, no me gustaban, no las veía (al menos no demasiado). Cuando llegaron los 90´s y Cartoon Network empezó a sacar toda su serie de caricaturas, éstas eran cómicas, con dibujos adaptados a estilos un poco… extraños. Fue como volver a los 60’s en cuanto a tramas y estilos de dibujo; todo lo que se avanzó en las caricaturas se detuvo y sufrimos un retroceso. Nuevamente los personajes eran deformados para adecuarse a estilos de dibujo simples; nuevamente las historias se simplificaban y se volvían comedias ligeras sobre situaciones cotidianas. La acción y la creatividad se habían perdido.

Y por eso es que no me gustan estas películas CGI de hoy en día, porque son como las caricaturas inocentes de Hanna Barbera y Cartoon Network, como Bob Esponja y Hora de Aventuras, un retorno a la travesura y simplicidad, a la comedia y al pastelazo. Las historias de acción y aventura no proliferaron, los niños de hoy en día no desean ver héroes en quienes se quieran convertir, prefieren ver las aventuras de otros niños como ellos con quienes se puedan identificar; han dejado atrás el sueño de grandeza, de gloria, de ser unos héroes, para buscar simple y llana diversión sin más fin que unas cuantas risitas.

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Y no, no critico esas caricaturas, ni a las CGI, ni a las de Hanna Barbera ni a las de Cartoon Netowork, ni a Hora de Aventuras ni nada de eso (me refiero a ti que llenaste de hate comments mi artículo de Siete caricaturas que odiabas ver en la infancia). No digo que esas caricaturas sean malas, claro que hay muchas personas a quienes les gustan, simplemente a mi no y la razón es esa, porque nunca me gustó ese estilo de travesura, a mí me gustaba la acción. Ahora entiendo todo.

No, no maduré, no es que me haya vuelto viejo y ya no me gusten las caricaturas, lo que pasa es que las caricaturas que hay hoy en día son del tipo de las que nunca me gustaron, y estoy seguro que habrá alguien más que piense como yo.

¿Y el anime? Bueno, esa es una historia que ya conté en Descubriendo el anime.

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