El error en la técnica narrativa no se trata de dejar existir los errores de dedo o de llenar el texto con incontables fallos ortográficos o de redacción, se trata más bien de implementar el elemento de falibilidad en la trama y en los personajes, el evitar la perfección argumental introduciendo de manera intencional incompetencias controladas de los personajes y alterando con ello su manera de confrontar las situaciones.

El error entonces consiste en que la situación no salga como debe salir, en que los procesos no sean perfectos, que exista la posibilidad de fallo (aún y cuando éste, debido a su naturaleza literaria, sea intencional). Hace poco alguien compartió en Facebook la siguiente imagen de Batman.

En ella podemos ver algo que el personaje ha atravesado desde hace muchos años, en diversas iteraciones que yo le he conocido, ¡el tipo siempre sabe lo que va a pasar! Aunque sea tachado ya hasta como meme, si Batman enfrenta un problema con un tiburón hay un maldito aparato en su cinturón que sirve justamente para tratar ese contratiempo.

Batman, en la mayor parte de sus encarnaciones, es un personaje perfecto, demasiado perfecto, que siempre está delante de lo que va a pasar, en el que el error parece no existir.

Cuando Batman golpea, Batman conecta, no tropieza, no trastabilla; en Batman V Superman, el encapotado colocó torretas justo en las partes en las que Superman se encontraba, si sólo tenía tres torretas, las tres quedaron donde debían estar; a Batman no le ocurre la situación de colocar un foco en una zona inaccesible en que nunca se usará, por lo mismo en él, el error no existe.

En las precuelas de Star Wars, los combates de light sabers son sobre complicados, elaborados, llenos de acrobacias; y pese a que uno está buscando matar al otro, ninguno de los contrincantes falla jamás, no pierden el equilibro a causa del movimiento.

En Los Tres Mosqueteros D´Artagnan es un notable espadachín, no importa que apenas alcance los veinte años de edad, logra hacerle frente (y vencer), a cualquiera con quien se tope, saliendo ileso la mayor parte de las veces. En esa misma novela Athos es un sujeto intachable, con una voluntad férrea y una moral invencible, su vida puede estar en riesgo pero no se pasaría un rojo.

En La Isla Misteriosa, Ciro Smith es un ingeniero que se ve varado en… pues en una isla un tanto misteriosa; no se encuentra solo pues su esclavo, su perro y tres hombres más le acompañan, en lo que, sin duda, tiene todo el material para convertirse en un verdadero festín homoerótico. Los náufragos por supuesto enfrentarán diversas situaciones complejas, situaciones para las que Ciro Smith está siempre completamente preparado, sabe hacer pólvora por medio de restos minerales, sabe de navegación a través del océano, conoce de astrofísica, matemáticas, biología; si el equipo necesita una bomba, Ciro sabe cómo crearla. Los personajes no atraviesan los errores de Robinson Crusoe en una situación similar sino que siempre están un paso al frente gracias a Ciro.

Eso da la idea de una historia poco orgánica, en la que los eventos ocurren de forma predestinada justamente a aquellas personas que están preparadas para enfrentarlos. Bien, habremos de admitir que, debido a ser cuentos, obras, material creado por una mente, se obedece a un argumento con una secuencia y un final, el elemento aleatorio es prácticamente imposible de integrar (aunque tengo una idea para añadirlo); claro, el autor sabe lo que va a pasar y qué personajes necesita para que eso suceda, indirectamente se convierte en Dios, guiando a sus protagonistas en su historia épica, protegiéndolos a todo momento.

En Metro 2035 el héroe Artyom una y otra vez se ve atacado, violentado, destrozado, y aun así siempre se recupera mágicamente, algo le saca de su estado lamentable y retoma su viaje como si no hubiera ocurrido, el tipo incluso se cura de… bueno, no más spoilers. El autor claramente necesita de Artyom, es su héroe, es quien debe llevar la trama a un momento al final, pero eso no impide que las cosas salgan mal.

Un amigo que ha estado haciendo la función de crítico acérrimo de mi libro comenta: “me gustan los personajes grises, no tolero los personajes perfectos”. Refiere con ello a ese fenómeno del que hablo, de sujetos listos para enfrentar todo problema, personajes virtuosos en extremo o, por el contrario, la maldad encarnada sin una sola cualidad.

En mi libro, El Programa GAMER, disponible ya en Amazon, tanto en formato físico como en digital, traté de integrar en la narrativa el elemento del error, de la falibilidad, al menos tanto como me fue posible, considerando que debía mantener ciertas reglas y esquemas para contar lo que yo deseaba contar. Insisto, al hablar de error no hablo de mi técnica novel de redacción ni al uso repetitivo de términos porque parece que no se me ocurrían otros (eso no fue intencional), sino al elemento de fallo en las predicciones de los personajes, en el fallo de sus acciones, en su no perfección.

He escrito antes acerca de la heroína de mi libro, de sus características particulares que, creo, la hacen diferente de otras heroínas. Esas características permean en toda la narrativa, los personajes cometen errores, situaciones ocurren que no se supone debieran suceder, hay procesos que no son 100% eficientes; con eso trato de integrar humanidad a todo el libro, de dar la imagen de que los personajes pueden cometer errores, que incluso les puede costar la vida. Por supuesto que no hay muertes al azar, eso es imposible en un libro debido a que todo está preestablecido, pero sí se busca dar la impresión de que todos pueden morir, aún y cuando eso no sea realmente posible. Tal y como en The Walking Dead y Game of Thrones, donde los fans creen que todos están en riesgo aunque claramente eso no es así.

¿Lo conseguí? Mi opinión es parcial, claro que a mi parecer lo logré, pero la opinión que importa es la tuya. Si está en tus posibilidades, dame una oportunidad, adquiere alguna de las versiones de mi libro y dime tu opinión; sí, El Programa GAMER ya está hecho pero no será el único, tu retroalimentación será tomada en cuenta en libros futuros, tanto aquellos que estén basados en el mismo universo como en otros que vayan en otra dirección.

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