Hace algunos años escribí mi artículo El futuro de las revistas de videojuegos, artículo en que incluso recibí comentarios de algunos editores de revistas de aquellos años, Poke de Game Master y Urovoros de Atomix. Hoy ambas revistas están extintas.

Estamos en los finales de 2017 (cuando escribí este artículo), el aire es frío, los adornos de Halloween y Navidad decoran las tiendas y paso frente a los porta-revistas de los súper mercados y… paso de largo.

Extraño aquellos años en que paseaba por cada tienda buscando el número de aquel mes de Club Nintendo, EGM, Atomix, incluso Game Master; extraño dar esas miradas rápidas e inquisitivas, tratando de detectar si mi revista favorita ya había llegado a la tienda más cercana a mí, buscando con los ojos atentos el logo o a un personaje de videojuegos: ¡Eureka! La encontré, qué emoción, comienzo a hojearla, a ver rápidamente el contenido, siento el aroma del papel recién impreso, un aroma que me recuerda tantas cosas; me emociona leer sobre los nuevos lanzamientos, me sorprendo con las calificaciones de un juego inesperado, me divierto con las ocurrencias de los escritores de la revista.

Y todo eso ha desaparecido, las revistas de videojuegos ya no existen. Sigo buscando ese aroma del papel que me trae tantos recuerdos, olor a revista nueva; paso por los porta-revistas de las tiendas, aquellos que antes eran tan ansiados para mí, ahora más pequeños, casi como escenarios apocalípticos de lo que alguna vez fue una gran y creciente civilización; tomo alguna revista entre mis manos y simplemente la huelo, tratando de recordar cómo se sentía el encontrar mi revista favorita cada mes.

Recuerdo aquellas cartas de Club Nintendo en los que preguntaban cuánto habría de durar la revista, aquella vez Gus respondió que mientras haya lectores habrá Club Nintendo. Sí la revista duró mucho, pero hoy, la alguna vez inmortal CN, ha desaparecido de los anaqueles, incluso la supuesta transformación a ediciones especiales ya no la he vuelto a ver.

Los kioskos de revistas ahora venden cds pirata, cigarros, dulces. Algunas revistas continúan, en especial las de mujeres, pero no dudo que también vayan en su camino de salida.

El internet es lo máximo, lo sé, me gusta, viví del internet algún tiempo. Tenemos la información más rápido, gratis y en diferentes modalidades, pero no es lo mismo, la calidad es diferente, la manera en que se recibe esa información no es igual. Una revista era escrita meticulosamente, había tiempos establecidos y había que cumplirlos, pero también se debía mantener un mínimo de calidad, no cualquier cosa llegaría a las páginas de la revista porque esa página costaba, requería trabajo, diseño, producción; eso funcionaba como filtro que permitía dejar fuera lo intrascendente y enfocarse en lo que de verdad era interesante.

Esa magia de las revistas no ha pasado al internet y no logro entender por qué, quizá sea la libertad casi absoluta, quizá sea falta de talento de quienes ahora producen los contenidos que antes hubieran llegado a nuestras revistas. Leo artículos en Level Up, en Atomix, y me aburro, no logro terminarlos, contrario a como antes podía leer dos o tres veces el mismo artículo de mi revista favorita. Quizá sea que ahora tienen tanto espacio que no hay edición, dan vueltas y vueltas y procuran extenderse, cuando antes se tenía límites marcados en páginas, en fotografías estratégicamente colocadas.

Llegamos al final del año y los recuerdos de mis revistas favoritas regresan, cada año lo hacen; recuerdos de los especiales de fin de año, de sus premiaciones a Juego del Año, de los anuncios que veía en las páginas, personajes de videojuegos decorados con gorros navideños, esferas y precios mucho mejores que los de hoy en día. Leer sobre los títulos que más me interesan, seleccionar el que compraré para Navidad y los que iré dejando para después; los buenos deseos de los escritores de las revistas, deseándome (y a todos los lectores) una feliz Navidad y prometiendo volvernos a ver el próximo mes con más información.

Me sentía tan identificado con lo que esas revistas me escribían, con lo que sus redactores contaban; era como si fuésemos iguales, sentaron las bases de lo que soy ahora, me inspiraron a querer escribir y fue gracias a ellos que Nerdcast nació, que El Programa GAMER, disponible en formato físico y digital en Amazon, fue escrito. Les debo mucho a las revistas de videojuegos, por eso hoy, después de pasar la vista por los anaqueles en las tiendas, después de hojear una vez más mis viejos números de colección, hoy vuelvo a recordarlas, como seguramente lo haré durante muchos años más.

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